M
A
T
A
R
I
L
E
   
T
E
A
T
R
O
 
   
MATARILE · EN_CARTEL · ESPECTÁCULOS · EQUIPO · NOTICIAS · ACTUACIONES · DESCARGAS · CONTACTO

GALICIA HOXE. 07.02.2010

El Cisne Negro

A veces nos aburrimos tanto que el tiempo no pasa. Se estanca. Los domingos son días para aburrirse. Pina Bausch fue una bailarina, coreógrafa y profesora de danza alemana, y una de las grandes figuras de la danza internacional contemporanea. Era delgadita como un cisne negro.

En Betanzos hay un magnífico parque llamado El pasatiempo, lleno de misterios, grutas, pasadizos. Siempre me gustó esa ciudad para dejar pasar tranquilamente el tiempo, soñar con gaviotas negras y ocupar los bares de la noche. Los niños, cuando se aburren mortamente hacen travesuras divertidas y maléficas para huir de tanta mediocridad. El filósofo Sartre se sentiría aburrido e inventó una "náusea" curativa, terrible, cristalina. La esperanza habita en el aburrimiento, porque después de estar casados queremos divorciarnos. Después de vivir el amor queremos experimentar el odio.

El escenario, en las obras de Pina Bausch, se convertía en un extraño salón de baile, en el que podía ocurrir cualquier cosa. Un sapo podía besar a un león. Una mosca podía enamorase de un hipopótamo. Las personas viejas llevaban su biografía escrita en sus cuerpos humildes, gastados. La pintura expresionista cubría todas las máscaras con brillo de una luna negra. El aburrimiento hace que las personas jóvenes se metan en las drogas y en el alcoholismo. La muerte empuja, violenta y pacientemente, la vida. En los espectáculos de Pina Bausch todo aparece ensamblado a partir de pequeños episodios. No hay una estructrua lógica y lineal. El resultado es un collage intenso, vitalista. El filósofo Kierkegaard aproxima el aburrimiento a la melancolía. Si tres gatos se sientan en un sofá tendrían muchas cosas de las que hablar, pero no hablarían de nada. Mirarían la televisión todo el día y toda la noche, esperando a que la crisis económica marchase a otro lugar. Cuando nos desesperamos somos más hermosos que las ballenas en el mar.

Aburrimiento divertido

La nueva obra de la Compañía Matarile, titulada Cerrado por aburrimiento , podría empezar diciendo que "Se vende compañía de teatro". Aúnque es una despedida, también podría ser una llegada a un lugar que no existe. Llegamos a aburrirnos mirando este espectáculo, pero es un "aburrimiento divertido". El sol entra en el escenario y la luz resulta cegadora, aniquiladora, para nuestros ojos. La mejor forma de decir adiós es decir "hola, qué tal estás?, quieres que compremos un helado y un paraguas blanco?"

La directora, y actriz, Ana Vallés también es un cisne negro, melancólico. Cuando teníamos que admirar los mapas en la escuela, y aprender toda la geografía mundial, resultaba dificilísimo, aburridísimo. Es mejor aprender otras cosas como montar a caballo, resistir haciendo teatro o bailar por las noches.

En   Cerrado por aburrimiento hay espacio para hacerles "una crítica a los críticos de teatro". La tienen bien merecida, por pensar que pueden emitir juicios de valor y pintar las cosas de blanco o negro. Todos los actores están sobre el escenario y cada uno atiende a una cosa diferente. Están juntos pero dispersos. Siempre me gustó ese "aire de locura" que hay en las obras de Matarile. La energía se mezcla con la falta de energía. El entusiasmo convive con el cansancio, con la ironía y con el absurdo. A veces, más que hacer teatro, parece que están haciendo cine con retales de mantas viejas.

Una compañía de teatro "está en venta" y también podríamos vender todas las ilusiones, todos los esfuerzos vitales, todas las apuestas. Podríamos tirar por la ventana toda la creatividad, todo el humo de tabaco, todos los rayos de sol. Al final de la película, y del aburrimiento, sólo quedaría lluvia, muchísima lluvia.

. Lupe Gómez .

 

 

PRIMER ACTO N º 331 2009

�Cerrado por aburrimiento�, la experiencia compartida

El 27 de noviembre de 2009, en el Teatro Colón de A Coruña, Matarile estrenó  Cerrado por aburrimiento . Un posdrama filosófico cuya parataxis escénica redunda en preguntas esenciales y, por ello, sobrecogedoras: �¿Por qué hacemos teatro, Juan?, ¿Para qué?�, le pregunta Ana Vallés a Xan Cejudo en escena.

Matarile llega a este espectáculo con un léxico y un estilo escénicos muy definidos. Teatro de actrices y actores, bailarines, performers , que componen un mosaico existencial y existencialista sin recurrir a más ficción que la que supone (re)presentarse a sí mismo/as encima de un escenario, priorizando la experiencia compartida con el público por encima de una experiencia transmitida, priorizando la impulsión de energía por encima de la significación.

De los últimos espectáculos de Matarile, éste es el que más peso confiere a la figura de Ana Vallés, que actúa encima del escenario como directora, como actriz, como testigo y espectadora. Sus preguntas y sus desasosiegos artísiticos toman forma en lo que dice y en lo que hace, también en lo que pide a sus compañeros, como cuando le pide a Xan Cejudo que se siente a la mesa a comer una sopa y le recite un poema de Pessoa sobre la máscara y el rostro. Ana también se de-construye siguiendo un patrón similar al de Truenos y misterios (2007), coherente con el sketch del ventrílocuo que realizaban Marta Pazos y Antón Coucheiro en Illa Reunión (CDG, 2006), homenaje a sus inicios con el teatro de títeres y objetos, referencia al siempre admirado Kantor. Lo hace volviéndose muñeca desarticulada, objeto escénico, con su peluca negra y una motricidad extracotidiana con la que abandona, por momentos, a Ana Vallés.

El escenario es un paisaje. No hay escenografía que lo camufle y lo transforme en un espacio dramático ficcional. Hay objetos reales, algunos, como la gran mesa, atrezados con ruedas. La calabaza, de la huerta de Ana y Baltasar, actúa en pie de igualdad e introduce el tema de la contemplación. Contemplamos el paisaje humano que se mueve en el escenario y en sus límites, igual que ellos/as se contemplan y nos contemplan. Las distintas procedencias artísticas y geográficas de quienes componen este espectáculo: Argentina, Asturias, Canarias, Madrid y Galicia, se integran temáticamente y a través de un lenguaje en el que resalta la ironía. Ana cruza el escenario con un cartel: �Se vende compañía de teatro� . Alba Fernández, José Campanari, Mónica García, Mauricio González, Ricardo Santana, Xan  Cejudo y Ana Vallés son las islas flotantes que se tocan por veces, los cerezos que entrecruzan sus ramas mientras despiden sus flores efímeras. La iluminación y el espacio sonoro de Baltasar Patiño son también actores. Patiño inventa luces igual que inventa sonidos, algunas tan fascinantes como las líneas horizontales que pasan por el escenario y se pierden mientras Mónica García danza el baile de la caída.

Desde Galicia, con un humor y una factura peculiares, junto a un diálogo artístico internacional, asistimos a la consolidación de un teatro heterodoxo de composición escénica. Matarile y Chévere han abierto caminos en los escenarios, como los que está abriendo la ESAD de Galicia desde la formación, para nuevas tentativas de renovación teatral.

. Afonso Becerra .


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

h

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

C E R R
A
D
O
 
P
O
R
 
A B U R R I M I E N T O
· ·